Los Meses de Preparación Intensiva
La noticia de que Anabel Conde había sido elegida para representar a España en el Festival de Eurovisión generó una mezcla de emoción y responsabilidad enorme que pesaba sobre sus hombros. Sabía perfectamente que estaba a punto de enfrentarse al desafío más importante de su carrera hasta ese momento, actuando no solo para su país sino ante cientos de millones de espectadores en toda Europa que juzgarían cada nota, cada gesto y cada segundo de su performance. Los primeros días después del anuncio fueron vertiginosos con entrevistas en todos los medios importantes del país donde tenía que expresar su gratitud por la oportunidad mientras mantenía una confianza que a veces se sentía más fuerte que otras. El equipo que se formó a su alrededor incluía coreógrafos experimentados, diseñadores de vestuario, especialistas en iluminación y directores de escena que habían trabajado en producciones eurovisivas anteriores. Juntos comenzaron a construir una puesta en escena que pudiera competir con las producciones más elaboradas de otros países sin perder la esencia española que Anabel representaba. Los ensayos se extendían durante horas cada día perfeccionando cada movimiento hasta que todo fluía con la naturalidad de algo espontáneo aunque en realidad estaba cuidadosamente coreografiado.
Las decisiones sobre el vestuario fueron particularmente importantes porque el outfit tenía que ser memorable sin distraer de la canción misma. Se probaron docenas de diseños diferentes buscando ese equilibrio perfecto entre elegancia, modernidad y un toque de identidad española que no cayera en estereotipos obvios. El vestido final elegido era una pieza sofisticada que permitía libertad de movimiento mientras proyectaba una imagen de profesionalismo y glamour apropiada para un escenario internacional. Los accesorios fueron seleccionados meticulosamente para complementar sin sobrecargar el look general, cada detalle pensado para funcionar bajo las luces intensas del escenario y verse bien en las cámaras de televisión. Anabel participó activamente en todas estas decisiones porque entendía que la presentación visual era tan importante como la vocal en un concurso donde cada elemento contribuía a la impresión general. Las pruebas de maquillaje y peinado se realizaron múltiples veces probando diferentes estilos hasta encontrar el que mejor favorecía sus rasgos y se mantenía impecable bajo las condiciones del escenario. Todo tenía que estar perfecto porque no habría segundas oportunidades una vez que las cámaras comenzaran a transmitir en vivo.

